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Estas ganando en la vida que tienes.

  • Foto del escritor: EVANON
    EVANON
  • 24 jun 2020
  • 3 min de lectura

¿Y si te dijera que aun cuando crees estar perdiendo en verdad estás ganando?

¿Que todo lo que pasa es una victoria?

Es verdad. Y no sólo son charlatanerías de autoayuda para que te sientas bien.

Eres un campeón. Has metido gol tras gol, tienes un récord perfecto. Todo lo que te propones se hace realidad. Probablemente pienses que me volví loca, ¡o tal vez que quien se ha vuelto loco eres tú! Quizás estés seguro de que le estoy hablando a alguien más, a cualquiera menos a ti. Déjame explicártelo antes de que los dos terminemos en un manicomio. Imagina esta situación: durante toda tu vida has buscado el amor, a una persona especial con quien compartir tu vida, pero hasta el momento no has encontrado a nadie (recuerda que es un ejemplo que puedes usar con cualquier aspecto de tu vida en el que creas que te has atorado en un ciclo sin fín). Has conocido gente, entablado relaciones, pero siempre te quedas al borde del «y vivieron felices para siempre». Tú y tu media naranja simplemente nunca se encontraron. El cuento de hadas siempre llegó a su fin, al mismo final de siempre. Después de un tiempo, empiezas a perder la esperanza; empiezas a cuestionarte si algún día conocerás a la persona de tus sueños. Tal vez no estás destinado a tener una relación así.

«¿Algún día alguien me amará?». «¿Soy digno de ser amado?». «¿Por qué siempre atraigo al mismo tipo de personas?».

A veces recuerdas tu infancia, un momento en particular en que no te sentías amado o un periodo de tu adolescencia en que te sentías como un desconocido, o tal vez hasta veas tus relaciones pasadas como una escena de la película Hechizo del tiempo sólo que con personajes diferentes cada día. ¡Qué frustrante! Un día conoces a alguien, tienen unas cuantas citas y te das cuenta de que realmente te encanta su compañía, las cosas salen bien y esas pocas citas se convierten en algo de semanas y esas semanas en meses. Por fin llega el momento en que no puedes resistirte más e intercambian sus primeros «te amo».

No sólo estás enamorado, sino que empiezas a preguntarte «¿podría él/ella ser el indicado?». ¡Siii! La emoción, la fortuna y la posibilidad te revigorizan y te avivan.

Sin embargo, en algún momento llegarán las nubes grises de la duda; casi siempre inician como algo pequeño, pero poco a poco crecen hasta que empieza la tormenta. Y así de rápido como te enamoraste, te desenamoras. Las cosas más pequeñas terminan en una pelea. La química poco a poco empieza a evaporarse y tu relación se convierte en un desierto, vacío y seco, hasta que te das cuenta de que sólo estás tratando de llevarte bien con tu pareja y eso destruye tu alma.

Uf. Otra vez. En algún momento los dos se darán cuenta de que las cosas no están funcionando, quizá lleguen a un punto de quiebre (o varios) y terminará con una de esas peleas horribles. Tal vez su relación tiene una muerte lenta, hasta que decides desenchufarla. No importa cómo, en algún momento tomarán caminos distintos. Ni modo. Te sientes dolido, aplastado, pero de alguna manera llegas a la resolución de que algún día las cosas mejorarán. Algún día. Tal vez no lo sepas, pero así fue. Aunque tu relación se vea como una derrota, la verdad es que fue una victoria gloriosa y resonante. Una victoria digna de los dioses. ¡HURRA! La verdad es que estás ganando en la vida que tienes. «¿Y si no quiero esta vida?» Está bien, pero esta es la que tienes por el momento y en ella estás ganando.

Es el momento de agradecer y soltar.


 
 
 

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