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TRANSFORMANDO A MI PEOR ENEMIGO: «YO»

  • Foto del escritor: EVANON
    EVANON
  • 6 jul 2020
  • 3 Min. de lectura

1. IDENTIFICANDO AMI ENEMIGO: ¿ÉL O YO?


El poder establecer límites es la condición que define a aquellas personas cuyas emociones están sanas. El límite es la frontera invisible que nos afirma y afianza como seres independientes, nos permite diferenciarnos claramente unos de otros.

En el mundo natural, todos establecemos límites y estos, muchas veces, dependerán del sistema de crianza que hayamos tenido.

También nuestro cuerpo establece límites. Cada nervio está cubierto por una membrana, cada órgano tiene su límite propio, la piel marca límites. Todo lo que hay debajo de ella es nuestro y todo lo que se halla fuera no nos pertenece. Por ejemplo: el límite del orador es la distancia que lo separa de quienes lo escuchan.

Todos proyectamos límites físicos, es por eso que al ser transgredidos por el otro sentimos que nos invaden. Todos necesitamos establecer límites, entre ellos «límites emocionales» que determinarán quién tiene acceso a nuestra privacidad, a la intimidad, a nuestros miedos y a nuestras ideas más profundas. No fijar ese límite nos mantendrá expuestos a una continua manipulación y codependencia hacia los otros. Ilusionarnos con el lugar y las palabras con que los otros nos definen y ubican trae como consecuencias emociones dañadas. En esta instancia, el otro podrá tocar nuestra identidad, penetrar en nuestros pensamientos y descalificarnos. Y siempre que nuestra ilusión esté puesta en el afuera, terminaremos por desilusionarnos.

La desilusión es el reflejo de una ilusión mal puesta, dado que el que hoy te levanta es muy probable que mañana te baje sin pedirte permiso.

Esta muleta emocional, este guardaespaldas afectivo que determina nuestra codependencia emocional, terminará sometiéndonos a vivir una vida que no nos pertenece. Desde el mismo momento en que permitimos que el otro penetre en nuestro interior, a pesar de que pueda ser un gran sabio y tener una gran fe, estaremos viviendo 24 una vida prestada y no la propia; y todo terminará siendo una gran mentira. El ser una copia te hará perder el respeto por ti mismo y por los demás, convirtiendo tu propia imagen en tu peor enemigo.


Para ser competentes con nosotros mismos, primero debemos aceptarnos y convertirnos en generadores de excelencia. Siempre estamos a tiempo de fijar límites y decidir tanto a quiénes incluiremos en nuestros vínculos interpersonales como de quiénes nos alejaremos.

Como seres individuales y libres que somos, gozamos del derecho de decidir quién se acerca o no a nuestra vida, como así de alejarnos de aquel que nos descalifica y subestima. Deshacernos del guardaespaldas emocional, vivir sin codepender del otro mantendrá nuestra estima sana, ligándonos solo a la visión que hemos determinado en nuestro interior.

Salir de este laberinto entre el «yo» y «el otro» nos permitirá ocuparnos de nuestro propio fracaso antes que tratar de solucionar el de los demás.

Ocuparnos del fracaso ajeno nos desenfoca y nos entretiene dentro de un conflicto que no nos pertenece. Miguel Ángel decidió pintar su inspiración en el techo de la Capilla Sixtina; seguramente, si hubiera decidido pintarlo en el suelo hoy estaría borrado. Resumiendo: «Cuando pintes algo, hazlo en las alturas, nunca en el suelo, donde los otros puedan pisarlo.»

Desde este lugar sí estarás listo para escuchar al otro sin prejuicios, dando lugar a lo que te edifica y desestimando lo que no sirve y te lastima. Cada uno de nosotros es ciento por ciento responsable de su vida y de cada uno de los límites que establezca en ella. Las estadísticas muestran que el 99 % de los fracasos corresponde a personas que tienen el hábito de excusarse.

Sin embargo, permanentemente decidimos qué pensar, qué sentir y qué hacer. Transformar un fracaso en éxito requerirá que asumas el 100 % de responsabilidad.

Somos creadores de nuestros logros y de nuestros errores. Ni el éxito ni el fracaso pueden ser delegados; el control y la dirección de los mismos dependerán de tu compromiso con ambos.

Hay una frase de autor anónimo que dice: «El éxito es conseguir lo que se quiere, la felicidad es querer aquello que se consigue.» Ser responsable es ser autor; estamos condenados a ser libres.

Jean-Paul Sartre.




 
 
 

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