Y SI PRACTICAMOS ...
- EVANON

- 16 jun 2020
- 3 Min. de lectura
La clave del cambio consiste en abordarlo todo con una actitud de aprendizaje y no con una actitud de rendimiento (Dweck, 2000, 2006). La actitud de rendimiento sienta las bases para que nos quedemos bloqueados porque, cada vez que incumplamos una expectativa, parecerá una confirmación de que nuestra capacidad es limitada. Por el contrario, la actitud de aprendizaje hace que incluso los inevitables obstáculos y contratiempos se conviertan en oportunidades que podemos aprovechar para investigar y seguir creciendo. Aunque ambos tipos de actitud puedan propiciar cambios, solo uno de ellos conduce a la maestría.
Vuelve a tus sentidos
Uno de los modos más rápidos de asentar una mente ocupada consiste, literalmente, en volver a nuestros sentidos. Norman Farb y sus colegas (2010) han puesto de relieve que, cuando llevamos nuestra atención al momento presente, se enlentece la actividad en la zona cerebral asociada a la distracción mental, lo cual es bastante lógico. Si estás sentado en un bar y pones tu consciencia en lo que estás bebiendo, puedes captar el aroma, la temperatura y el sabor que la bebida despierta en tu lengua. Y, cuando te halles totalmente inmerso en esa experiencia, es muy poco probable que te preocupe lo que va a ocurrir mañana. Pero, si bebes preocupado por lo que sucederá mañana, lo más probable es que termines consumiendo tu bebida sin haberla saboreado siquiera. Solemos dar por garantizados nuestros sentidos y no reconocemos el regalo que suponen hasta que empiezan a fallar o hasta que desaparecen. Quizá sea la pérdida de visión la que te obligue a llevar gafas, o bien desarrolles un zumbido en el oído que mengüe tu capacidad de escucha. Tal vez una lesión nerviosa te dificulte percibir a través del tacto o puede ser que un resfriado común disminuya temporalmente tus sentidos del olfato o el gusto. Sin embargo, no tenemos que esperar a una catástrofe –o un simple resfriado– para ser más conscientes de los regalos de que disponemos aquí y ahora. Puedes empezar a cultivar el mindfulness aplicando la mente de principiante a la magia de tus sentidos y advirtiendo que estás realmente vivo.

¡Practica!
Dedica ahora un tiempo a agradecer que tus sentidos funcionen. Dedica unos instantes a aplicar la mente de principiante a tus sentidos, siendo plenamente consciente de cada uno de ellos. Advierte de qué modo reacciona tu mente a todo lo que sientes. ¿Te resulta placentero, desagradable o neutro? Presta atención tanto al mundo que te rodea como a lo que hay en tu interior.
Audición: cierra los ojos y escucha simplemente los sonidos que te rodean. Percibe cómo tu mente se apresura a interpretar y añadir imágenes a lo que oyes. Visión: echa un vistazo al exterior y maravíllate, durante unos instantes, del modo en que los ojos captan y ordenan los rayos de luz. Observa las formas y colores. Percibe el movimiento y la quietud. Tacto: quizá quieras cerrar los ojos y sentir tu piel o, tal vez, prefieras sentir la piel de alguien a quien quieres (puede tratarse de una persona o una mascota). Sé consciente de si lo que estás sintiendo es áspero o suave, caliente o frío, húmedo o seco. ¿Qué percibes? Olfato: tal vez quieras ir a la cocina, acercarte a alguien a quien quieres o dar un pequeño paseo y abrirte a un mundo de olores. ¿Cómo los sientes en tu cuerpo? Gusto: no podemos olvidarnos de este sentido. Toma tu comida favorita o quizá solo un aperitivo aplicando a ello, como en la meditación anterior de comer una pasa, la mente de principiante. Si te resulta agradable, dedica un tiempo a demorarte en esa experiencia, escogiendo saborear lo que te gusta y percatándote de cómo desaparece.
Cuando lo hayas hecho, lleva tu atención a tu interior y date cuenta de lo que estás sintiendo física y emocionalmente. Una vez concluyas, reflexiona en lo que supone aplicar la mente de principiante a tus sentidos. Por último, agradécete el haber dedicado el tiempo suficiente a este ejercicio y piensa en el regalo que supone disponer de todos tus sentidos. Intenta, en tu vida cotidiana, llevar tu consciencia a ellos, sabiendo que estás realmente vivo.
Fuente: Prácticas diarias del programa de reducción del estrés basado en el mindfulness (MBSR)





Comentarios